A pesar de décadas de trayectoria, logros acumulados y una sabiduría que solo se gana con el tiempo, muchos profesionales senior viven el miedo a ser "descubiertos" o no cumplir con las expectativas que exige el trabajo, es decir, el síndrome del impostor. Esa voz interna que “machaca” indicando que los éxitos son fruto del azar y no del talento. De hecho, al cruzar la barrera de los 50, este fenómeno puede intensificarse debido a los cambios vertiginosos que se están viviendo actualmente en el mercado profesional y a una cultura laboral que enfatiza al talento de menor edad.
Antes de continuar, es importante saber en qué consiste el síndrome del impostor. Se define como un conjunto de emociones, pensamientos que inducen a creer que los logros obtenidos se deben a la ayuda externa y no a los méritos propios. La psicóloga Isabel Rojas Estapé afirma que: “el problema radica en que no se vea a sí mismo suficientemente valioso y a la hora de enfrentarse a cualquier tarea, tiende a pensar constantemente que hay otras personas que lo pueden hacer mucho mejor”. Aunque el síndrome del impostor fue definido originalmente por las psicólogas Suzanne Imes y Pauline Rose Clance, en los años 70, la investigación moderna en el ámbito organizacional subraya que cualquier perfil es susceptible de experimentarlo: emprendedores, estudiantes, mandos intermedios, directivos y los profesionales senior no son la excepción.
Según las psicólogas Imes y Clance, este sentimiento no es una falta de capacidad, sino una distorsión de la percepción. La presión por ser un referente infalible puede volverse abrumadora. Sentir que, por la jerarquía o edad, no hay permiso para dudar o desconocer las nuevas tendencias en el mercado laboral. Esta autoexigencia crea el caldo de cultivo ideal para que el "impostor" se instale, olvidando que la experiencia es, en sí misma, un activo estratégico que ninguna inteligencia artificial o un recién graduado puede aportar.
En este sentido, cuando charlamos con Belén Sagrario, senior de SAVIA, nos expresa que al preparar su entrevista de trabajo, tras un año en paro, el síndrome del impostor intentó colarse: “una pequeña parte de mí me susurraba que todo era una pérdida de tiempo ?y ?habían decidido promocionar a alguien interno”. Pero no permitió que ese pensamiento liderara la entrevista. Quince días después, firmaba su contrato. Una prueba de que la autoconfianza, incluso cuando tambalea, puede reconstruirse con acción.?
El estudio An analysis of the impostor phenomenon in the workplace señala que, aunque el síndrome del impostor suele asociarse a los inicios de la carrera, en los perfiles senior aparece vinculado a los siguientes sentimientos y percepciones.
Asimismo, el impostor también da la cara cuando el senior tiene algunos comportamientos como:
Estrategias para silenciar el impostor
Para superar este bache, psicólogos y coach destacan que el primer paso es externalizar el sentimiento. Apuntan que no “eres un fraude”, simplemente estás experimentando una respuesta emocional ante un entorno cambiante. Hablar de ello con colegas o amigos de la misma generación suele revelar una verdad liberadora: casi todos se sienten igual. Al compartir estas inseguridades, el "monstruo" pierde su poder y descubre que la vulnerabilidad es un puente hacia la conexión humana y el liderazgo auténtico.
Otra herramienta fundamental es realizar un inventario de logros, tal como recomienda Coro Heraso, coach ejecutiva y de equipos: tómate un tiempo para escribir tus logros, no como una lista de tareas, sino como una narrativa de problemas complejos que solo tú supiste resolver. Al ver los éxitos plasmados en papel, obligas al cerebro a confrontar los hechos objetivos frente a las inseguridades subjetivas. Este ejercicio es un antídoto contra la amnesia de los méritos propios que provoca el síndrome del impostor.
Otra de las recomendaciones es adoptar una mentoría intergeneracional. En lugar de ver a los jóvenes como una amenaza, es fundamental acercarse a ellos con curiosidad. El senior aporta juicio crítico, la gestión de crisis y la visión a largo plazo; ellos pueden enseñar las nuevas dinámicas digitales. Este intercambio equilibra la balanza y te recuerda que el valor senior no reside en saber usar cada nueva app, sino en saber qué hacer con la información que estas proporcionan.