Lo que Generación SAVIA une, ni el océano lo separa

Lo que Generación SAVIA une, ni el océano lo separa

A veces un webinar no solo informa: también confirma que hay una conversación necesaria, una comunidad posible y una nueva manera de pensar el trabajo, la experiencia y el futuro después de los 50.

El pasado 23 de abril, a las 5 de la mañana en Argentina, estaba conectada a una nueva Formación SAVIA. Y mientras escuchaba a Fernando Lallana, Israel Ferrer, Vanesa Lorences y Marcelo Shvartz en el webinar “Trabajo +50: el emprendimiento verde que sí funciona”, pensé algo que me acompañó durante toda la conversación: lo que Generación SAVIA une, ni el océano lo separa.

El encuentro fue presentado por SAVIA como una formación online con finalistas de los Premios +50 Emprende, centrada en oportunidades de empleo y emprendimiento verde para mayores de 50.

Hay encuentros que informan, y hay otros que además confirman. Este fue de los segundos. Porque más allá del tema puntual, lo que apareció con fuerza fue una evidencia cada vez más difícil de ignorar: la experiencia no es un resto del pasado. Es, en muchos casos, una de las materias primas más valiosas para construir respuestas nuevas frente a problemas muy actuales. Esa mirada está en el corazón de la propuesta de SAVIA Green, que presenta la economía verde como una nueva oportunidad laboral y emprendedora para el talento senior. 

Volver a una conversación que también es propia

Para mí, además, tuvo una resonancia especial. Me dio mucho gusto escuchar, aprender y sentirme cerca de Desirée y de Fernando. Generación SAVIA estuvo muy cerca del nacimiento de Puente Emprendedor, y por eso esta participación tuvo también algo profundamente emocional.

No fue solo estar en un webinar. Fue volver a entrar en contacto con una comunidad y con una conversación que, de algún modo, también forma parte de mi propia historia. Esa vivencia personal y el hecho de haberme conectado desde Argentina a las 5 de la mañana están en mis notas del encuentro. 

Cuando la sostenibilidad deja de ser discurso 

Uno de los grandes méritos de la conversación fue mostrar que cuando hablamos de emprendimiento verde no hablamos de una etiqueta atractiva ni de una consigna bienintencionada. Hablamos de personas que están convirtiendo experiencia, oficio, sensibilidad y observación en proyectos concretos.

Vanesa Lorences lo mostró desde un lugar profundamente enraizado en el territorio. SAVIA presenta a La Vaqueira como una marca de cosmética natural con laboratorio propio, nacida de una decisión personal de vivir en el pueblo y de una forma de trabajo que une tradición vaqueira asturiana, territorio y apicultura. En mis notas, además, aparece con fuerza la dimensión del saber heredado, del uso de plantas medicinales y del aprovechamiento de recursos como parte de una cultura viva, no de una tendencia pasajera.

Israel Ferrer, desde KAI Clothes, aportó otra dimensión igual de potente. SAVIA describe su proyecto como una marca de moda circular que reutiliza el nylon de cometas de kitesurf en desuso para fabricar accesorios, calzado y prendas exclusivas, con ventas en distintos mercados. Pero además de la propuesta circular, en el webinar apareció algo clave: la experiencia como sostén, no solo para hacer, sino para corregir, resistir y seguir adelante cuando el recorrido real del emprendimiento se aleja del relato idealizado.

Marcelo Shvartz llevó la conversación a otra escala, la del agua y la necesidad de pensar soluciones frente a una carencia estructural. SAVIA presenta a Utopy Tech como una startup que trabaja en sistemas descentralizados de generación de agua adaptables a distintos entornos. Pero más allá del proyecto, me resultó especialmente valiosa su insistencia en el contexto: la experiencia no aparece solo como conocimiento acumulado, sino como capacidad de lectura, de ver una idea en 360 grados, de entender en qué etapa puede fallar un proyecto y de no dejarse arrastrar únicamente por el entusiasmo. 

La experiencia no compensa: potencia 

Tal vez una de las ideas más potentes del webinar fue justamente esa: emprender después de los 50 no significa hacerlo a pesar de la edad, sino muchas veces gracias a ella.

Gracias a una experiencia mejor procesada. Gracias a una emocionalidad más ubicada. Gracias a una perspectiva más amplia. Gracias, incluso, a algo que con los años empieza a tomar más nitidez: la voluntad de dejar algo valioso, de hacer un aporte que no se agote solo en lo económico. Esa idea atraviesa varias de las intervenciones que registré en mis notas.

Sin romanticismo, con verdad

Y me pareció muy valioso que nada de esto se dijera desde la épica vacía. No se romantizó el emprendimiento. Se habló de errores, de desgaste emocional, de apoyos que no siempre llegan, de decisiones mal tomadas, de inestabilidad, de incertidumbre. Esa honestidad fue, para mí, uno de los puntos más sólidos del encuentro. Porque volvió visible algo que muchas veces se oculta: crear algo propio no es solo una aventura estimulante; también es una prueba de carácter, de resistencia y de aprendizaje continuo.  

Cada proyecto encuentra su propia forma

En ese marco apareció otra enseñanza importante: no existe un único modo correcto de emprender. Hay quienes se apoyan más en la formación técnica. Otros en el mentoring. Otros en el ensayo y error. Otros en la validación espontánea del mercado. Otros en la intuición nacida de años de práctica.

Y probablemente la riqueza esté justamente ahí: en entender que no hay una receta única, pero sí hay algo común en los recorridos que avanzan, que es la combinación entre experiencia, adaptación y coraje. 

La tecnología suma, pero no reemplaza mirada

La inteligencia artificial también tuvo su lugar en la conversación, y no de manera abstracta. Apareció como herramienta concreta para ahorrar tiempo, ordenar procesos, mejorar piezas comerciales o ampliar capacidades.

Pero también quedó claro algo importante: usar IA no reemplaza criterio, no reemplaza mirada, no reemplaza discernimiento. Y eso, una vez más, devuelve el valor a lo humano y a la experiencia. 

Una agenda fértil para este tiempo 

Si algo me dejó este webinar es la sensación de que el emprendimiento verde senior no debería leerse como una rareza ni como una subcategoría simpática del ecosistema emprendedor. Es, en realidad, una de las intersecciones más fértiles de este tiempo: experiencia, propósito y resolución de problemas concretos.

Agua, residuos, economía circular, producción sostenible, territorio. No estamos hablando de ideas decorativas. Estamos hablando de necesidades reales y de personas capaces de responderlas con una madurez que muchas veces el ecosistema todavía no termina de valorar del todo. Ese enfoque coincide con la línea editorial de SAVIA sobre el talento senior como aliado de la economía circular y la economía verde. 

Hay conversaciones que hacen puente 

Desde Argentina, y a esa hora improbable de la madrugada, la experiencia tuvo además otro sentido. Me recordó que hay conversaciones que trascienden geografías y horarios cuando tocan algo verdadero. Y que hay comunidades que hacen exactamente eso: tender puentes entre personas, trayectorias e ideas que necesitan encontrarse.

Por eso, más que salir de este encuentro con una lista de aprendizajes, salí con una certeza: la experiencia no llega tarde. Llega con más contexto, con más profundidad y, muchas veces, con una voluntad más clara de transformar lo vivido en valor para otros.

Gracias, Generación SAVIA, por seguir abriendo estos espacios. Y gracias por recordar, una vez más, que cuando una conversación tiene sentido, el océano deja de separar y empieza a unir.