“Cuando el teléfono no suena, la clave es no desfallecer", Carlos Zancada, 51 años

“Cuando el teléfono no suena, la clave es no desfallecer", Carlos Zancada, 51 años

Tras más de dos décadas desarrollando su carrera en el ámbito de la calidad, el medio ambiente y la implantación de normas ISO, Carlos Zancada (51 años) se encontró ante una situación que afecta a muchos profesionales sénior: el desempleo. Sin embargo, decidió afrontar esta etapa como una oportunidad para reinventarse, actualizarse y redescubrir el valor de toda una vida profesional.

Su trayectoria comenzó en el área de Calidad y Medio Ambiente de Airtel, actualmente Vodafone, donde participó en la supervisión y desarrollo del sistema de gestión ambiental bajo la norma ISO 14001, encargándose del análisis legislativo, cálculo de indicadores y auditorías internas. Tal y como ha afirmado Carlos: “esta etapa me aportó un profundo conocimiento del sector ambiental en el entorno de las telecomunicaciones”.

Una visión transversal construida sobre la experiencia

Más adelante se incorporó a la consultora Delfos, una experiencia que define como especialmente enriquecedora. Su trabajo consistía en implantar sistemas de gestión en pymes de distintos sectores y en diferentes puntos de España, una labor que le proporcionó una visión global del tejido empresarial y de las distintas realidades de negocio.

Su última etapa profesional antes del desempleo transcurrió en el Club de Golf La Dehesa (Madrid), donde asumió la responsabilidad del área de calidad en un momento decisivo para la organización. Allí participó en la implantación de un sistema de gestión orientado a optimizar procesos y mejorar la satisfacción del cliente. Con el paso del tiempo, amplió además sus funciones hacia áreas como marketing digital, gestión comercial, recursos humanos y prevención de riesgos laborales, enriqueciendo aún más un perfil ya de por sí multidisciplinar.

Cuando la edad parece convertirse en un filtro invisible

Durante sus meses de búsqueda activa de empleo, Carlos Zancada no vivió situaciones explícitas de discriminación por edad. Sin embargo, reconoce que hubo momentos en los que percibió una realidad que muchos profesionales mayores de 50 años conocen bien. “Aunque nadie me  confirmó que la edad fuera un motivo de exclusión, la sensación de que operaba como un filtro invisible estuvo siempre presente”.

Esta percepción no frenó su determinación. Al contrario, le impulsó a seguir buscando nuevas herramientas y recursos que le ayudaran a afrontar el proceso con una estrategia más eficaz y adaptada al contexto actual del mercado laboral.

La formación le ayudó a recuperar la confianza

Fue durante esa búsqueda cuando descubrió SAVIA Impulsa. Tras investigar el programa a través de internet y LinkedIn, decidió inscribirse convencido del valor que podía aportarle. La experiencia superó sus expectativas. “Cada módulo me aportó herramientas y conocimientos clave que antes desconocía”, explica Zancada.

Pero más allá de los contenidos, Carlos ha destacado especialmente el componente humano de la formación. Según afirma, el programa le ayudó a reconectar con su valor profesional y a afrontar la búsqueda de empleo “con rigor, resiliencia, dignidad y sin caer en el desánimo”, una combinación imprescindible para quienes atraviesan procesos de transición profesional o desempleo.

Poner en valor todo lo que aún queda por aportar

La formación tuvo un impacto directo en su autoconfianza. “Te impulsa a interiorizar quién eres, a poner en valor tu trayectoria y a ser consciente de todo lo que aún puedes aportar al tejido empresarial”, afirma.

También transformó por completo su estrategia de búsqueda. Carlos optimizó su presencia en LinkedIn, redefinió su marca personal y aprendió a adaptar cada candidatura a las necesidades específicas de cada oferta. “Perdí el temor a la puerta fría y comprendí que acciones pasadas, como el envío masivo de currículums, eran ineficaces”, ha subrayado.

La oportunidad llegó cuando la preparación se encontró con la visibilidad

El empleo que finalmente consiguió surgió precisamente a través de LinkedIn. Carlos está convencido de que la optimización de su perfil y una presentación clara de su experiencia fueron factores decisivos para captar la atención de los reclutadores.

Actualmente, forma parte de IDavinci Imagina, una firma especializada en el asesoramiento a empresas del ecosistema innovador. Desde el Departamento de Normas ISO desarrolla un trabajo estrechamente vinculado a la especialización que ha cultivado durante toda su carrera, demostrando que la experiencia sigue siendo un activo de enorme valor para las organizaciones.

Reincorporarse al mercado laboral después de 15 meses no estuvo exento de desafíos. Carlos reconoce que necesitó un tiempo para readaptarse a las rutinas y dinámicas de una nueva organización. Sin embargo, la experiencia acumulada jugó a su favor: “contar con una trayectoria sólida facilitó enormemente mi integración, permitiéndome asumir las responsabilidades con rapidez, rigor y seguridad”, explica. Una prueba más de que los conocimientos adquiridos durante décadas no desaparecen; al contrario, se convierten en una ventaja diferencial cuando surge una nueva oportunidad.

Un mensaje para quienes siguen buscando

Tras haber recorrido este camino, Carlos Zancada tiene claro qué consejo ofrecería a otros profesionales mayores de 50 años que se encuentran actualmente en búsqueda activa de empleo. El primer paso, afirma, debe ser siempre el autoconocimiento. “Es fundamental hacer un ejercicio de honestidad introspectiva para definir con claridad quiénes somos y qué valor diferencial aportamos”.

A partir de ahí, recomienda diseñar una estrategia inteligente que combine formación continua, dominio de herramientas digitales y una búsqueda activa con foco y criterio. Y, sobre todo, insiste en la importancia de no rendirse. “Habrá momentos difíciles en los que el teléfono no suene, pero no hay que desfallecer”

Porque, como él mismo defiende, la clave está en seguir avanzando, adaptarse a los cambios y mantener la confianza en el propio valor.  Hacerlo siempre con optimismo y, como destaca en su mensaje final, “con la cabeza muy alta”.