Riegató nació caminando por una finca de olivos en el municipio jienense de Torredonjimeno. Su fundador, Pablo Martínez (58 años, Jaén) recuerda el momento con claridad: “Vi los olivos verdaderamente secos, sedientos”. Aquella imagen encendió una chispa que pronto se convertiría en un proyecto transformador.
La idea tomó forma cuando un amigo de la cooperativa aceitunera le habló de unos jóvenes del pueblo de Lucena capaces de “captar agua del aire para beber”. Intrigado, fue a ver aquella tecnología y pidió una versión adaptada al riego. La respuesta fue sincera: ellos ya tenían bastante con el agua potable. Pero lejos de desanimarse, entendió que el reto era mayor: producir agua “de 10 a 100 veces más barata” para que la agricultura de secano o las huertas pudieran sobrevivir.
Es por ello que, el proyecto Riegató tiene como objetivo el desarrollo de un sistema innovador de riego agrícola basado en la captación de humedad atmosférica, su almacenamiento y su aplicación eficiente y localizada en cultivos leñosos, especialmente en contextos de escasez hídrica, secano y estrés climático.
Con este emprendimiento, Pablo explica que Riegató propone un “cambio de paradigma frente a los sistemas tradicionales de riego”, al generar agua in situ sin necesidad de infraestructuras hidráulicas externas ni procesos de potabilización, reduciendo costes, riesgos productivos y dependencia de recursos hídricos convencionales. Para ello, el sistema cuenta con el Condensador Riegató, que extrae agua del aire e inyecta directamente al suelo. También transforma la lluvia que se desperdicia en invierno en agua disponible para el riego en verano, usando moldes pozamatics enterrados en el terreno. El proyecto integra ingeniería agrícola, tecnologías de captación de agua atmosférica, energías renovables y gestión eficiente del riego.
Asimismo, Pablo señala que, tras analizar la competencia sabe que ya hay empresas que ya emplean esta tecnología. Lo que los diferencia es que “nosotros nos dirigimos por primera vez a la agricultura, no al abastecimiento de agua potable, y lo podemos hacer porque nuestros costes de producción serán mucho más reducidos que los actuales al utilizar piezas de serie de automoción nuevas y/o usadas en vez de componentes específicamente diseñados para la máquina”.
Emprender en un sector tan técnico parecía una locura, pero Pablo, catedrático de Tecnologías del medio ambiente en la Universidad Rey Juan Carlos, sabía que no podía hacerlo solo. Llamó a Juan, su amigo de la infancia, “un crack”, empresario de larga trayectoria en el sector industrial, y le propuso embarcarse juntos en esta aventura. El mayor reto inicial fue convencerlo de dedicarse en cuerpo y alma. Lo lograron porque compartían un propósito: “No nos mueve el afán de lucro, sino solucionar un problema propio y común a nuestra gente”.
Este propósito se transformó en brújula. Ambos querían “hacer una revolución hídrica” y llevar agua a quienes la necesitan para cultivar alimentos. No era solo un proyecto tecnológico, sino un acto de servicio. “Dar agua a cualquiera que necesite no para beberla, sino usarla para cultivar ha sido nuestro ideal”, explica. Ese ideal marcó la diferencia y les dio la fuerza para avanzar.
A lo largo del camino, los amigos se repetían constantemente: “¿Pero es posible hacer esto?”. No era un consejo, pero sí un empujón emocional. Esa mezcla de incredulidad y esperanza les recordó que estaban intentando algo grande. Y también les sacó de la comodidad que suele instalarse cuando “uno ya ha cumplido sus objetivos vitales”, reflexiona Pablo.
Al preguntarle si el emprendimiento tiene edad, Pablo apunta con absoluta convicción: “La experiencia y especialmente los fracasos del pasado son tu tesoro”. A los 58 años, emprender ya no es una “cuestión de supervivencia, sino de utilidad”. La edad no es un límite, sino una ventaja competitiva. Además, apunta Pablo, “la generosidad, la perspectiva y el deseo de dejar un legado” se convierten en combustible para proyectos con impacto real. Riegató no solo piensa en Jaén, también piensa en aquellas comunidades que dependen de infraestructuras vulnerables para tener agua. La visión es global: “democratizar el acceso al agua atmosférica y crear oportunidades laborales para las generaciones futuras”.
El objetivo estratégico es tan simple como profundo: que nadie viva pendiente del cielo con angustia. En el sector olivarero, la incertidumbre no existe: “Si no llueve, no hay cosecha ”. Por eso Riegató, quiere romper esa dependencia climática y ofrecer una alternativa sostenible y autónoma.
De cara al futuro, Pablo y su socio lo tienen muy claro: quieren evitar que cierren las explotaciones de olivar, facilitar que otros cultivos puedan diversificar sus fuentes de agua, facilitar la creación de jardines con riego de secano todo el año en zonas a las que no llega el agua.
El finalista señala que para ello están contando con la colaboración público – privado mediante mecanismos de coordinación periódica, intercambio de información y toma conjunta de decisiones técnicas. La universidad lidera la generación de conocimiento y la validación científica, mientras que la empresa orienta el desarrollo hacia la aplicación real y el mercado, garantizando la explotación de los resultados.
Ser finalista en los Premios +50 Emprende ha sido un impulso inesperado. “Sacarte de la invisibilidad es un regalo que no tiene precio”, afirma Pablo. En un proyecto que nace desde cero, la visibilidad es oxígeno. Y este reconocimiento les confirma que van por el camino correcto. Riegató es la prueba de que las grandes revoluciones pueden nacer de un paseo por el campo y de una preocupación sincera por los demás.
Los Premios +50 Emprende, impulsados por SAVIA, el proyecto de Fundación Endesa en colaboración con Fundación Máshumano, y la productora 02:59 Films, buscan visibilizar y apoyar el talento emprendedor de profesionales mayores de 50 años, ofreciendo nuevas oportunidades para su desarrollo profesional. Desde su creación en 2019, los premios han contribuido a romper estereotipos y combatir la discriminación por edad en el ámbito laboral.
Este año se han presentado 207 iniciativas y 630 emprendedores. La gala de entrega de premios está prevista celebrarse el próximo 28 de mayo en la sede de Endesa en Madrid, en la que los 12 finalistas, entre ellos, Pablo Martínez presentará su proyecto ante un jurado presidido por Leopoldo Abadía y compuesto por expertos en emprendimiento e innovación.
Si te apetece acompañarnos en una final prometedora, puedes apuntarte en el siguiente enlace:https://www.generacionsavia.org/events/gala-final-de-la-vii-edicion-de-los-premios-50-emprende