La reciente Formación SAVIA bajo el título “Trabajo +50: el emprendimiento verde que sí funciona” ha puesto de manifiesto que “nunca es tarde para emprender”. En este encuentro, presentado por Fernando Lallana, director de los Premios + 50 Emprende ha señalado la importancia del trabajo de visibilizar la experiencia senior y ha recordado que la sociedad necesita ese conocimiento acumulado como una riqueza real.
A través de la experiencia de tres finalistas de la séptima edición de los Premios +50 Emprende , la formación ha abordado cómo el talento senior puede impulsar proyectos sostenibles en sectores diversos como la cosmética natural, la gestión innovadora del agua y la economía circular en el sector textil. Los finalistas, que además presentarán sus proyectos en la Final del 28 de mayo en la sede de Endesa de Madrid han manifestado sus motivaciones personales como mecanismos prácticos de reinvención laboral, destacando cómo la experiencia se convierte en motor para la innovación social, ambiental y económica. El webinar ha sido una hoja de ruta para quienes buscan reconectar con el mundo laboral desde la madurez, aprovechando la sostenibilidad como campo de oportunidad y crecimiento. Vanesa, Marcelo e Israel han contado cómo sus ideas nacen de problemas reales con soluciones amables con el planeta.
Vanesa Lorences, 50 años , ha compartido su proyecto de cosmética natural que nace en Asturias, La Vaqueira, basado en tradición familiar y sostenibilidad. Aprendió desde pequeña a distinguir plantas y a hacer jabón. Hoy utiliza sebo de vaca que antes era desperdicio y lo combina con aceite reciclado. Su historia muestra que el emprendimiento verde no siempre empieza como “negocio”, sino como memoria, oficio y decisión consciente.
Por su parte, Marcelo Shvartz, 64 años, Valencia, ha presentado AquaTower , una respuesta directa a la falta de agua. El proyecto surge de un encargo de arquitectura en Andalucía donde hay “una limitación, la falta de agua” y le obligó a pensar diferentes opciones. La solución ha sido producir agua por condensación de la humedad del aire, un sistema diseñado para funcionar “directamente donde hace falta”, con modelos adaptables a distintas escalas. Su propuesta combina ingeniería, sensibilidad ambiental y una visión del futuro acerca del agua.
De igual forma, Israel Ferrer, 54 años , ha compartido su marca de moda circular, KAI Clothes, nacida en Elche, Alicante, un proyecto que reutiliza el nylon de las cometas del kitesurf y las convierte en prendas, accesorios y calzado. Este emprendimiento “nace gracias a mis 30 años de experiencia profesional en el sector textil y mi gran pasión por el mar”
Respecto a las razones y procesos de decisión que llevaron a cada emprendedor a iniciarse en la economía verde, los finalistas han señalado: Vanesa, ha explicado que optar por un negocio enfocado en la sostenibilidad fue una elección consciente después de siete años alejada del mercado laboral y tras considerar varias alternativas , incluyendo la producción de repostería típica asturiana. Sin embargo, se inclinó finalmente por el aprovechamiento de recursos naturales y prácticas tradicionales, con la aspiración de dejar un legado positivo para sus hijas y la comunidad rural.
Marcelo ha señalado que todo proyecto debe, obligatoriamente, considerar “una vertiente verde” , que pronto pasará de ser una opción a una condición sine qua non del emprendimiento. Por su parte, Israel ha descrito cómo su exposición previa a problemáticas de residuos textiles y su deseo de contribuir a la sostenibilidad influyeron decisivamente en el giro de su actividad. Aunque su trayectoria en KAI Clothes comenzó de modo casual, la convicción ambiental era inherente y se materializó en la reutilización de materiales asociados a su afición deportiva . Esta ronda de intervenciones ha resaltado el valor del emprendimiento verde no como moda, sino como respuesta consciente, responsable y estratégica ante los retos actuales.
Una de las preguntas que los emprendedores debieron responder es si estos proyectos podrían haberse realizado 20 o 30 años antes y, qué aporta realmente la madurez. Vanesa reconoce que sus circunstancias vitales tras los 40 catalizaron el emprendimiento, valorando la experiencia previa como autónoma y su ventaja en el proceso. Marcelo argumenta que, si bien la idea podría haberse materializado antes, la experiencia y la madurez otorgan perspectiva contextual y permiten gestionar mejor tanto los riesgos emocionales como las decisiones estratégicas . Expone que la “carga emocional” madura permite dimensionar los desafíos y aprender constantemente, usando la experiencia no como límite, sino como trampolín para el aprendizaje continuo. Israel coincide señalando que, aunque ya acumulaba conocimientos técnicos y sectoriales, solo la madurez le ha permitido elevar el proyecto al nivel actual. Subraya que el entorno emocional, la red de contactos y la disponibilidad de tiempo resultan esenciales.
Los tres coinciden en el valor de la experiencia para sostener el avance emocional y práctico . Marcelo lo dice con una metáfora: “Mirar bien las piedras y sigue caminando”, porque al principio hay barro y obstáculos, pero luego uno aprende a pisar con criterio. Israel añade que su aprendizaje ha sido “puro y duro” : la vida, con errores antes más costosos, ahora con experiencia para corregir sin perderse. Así, la edad no aparece como freno, sino como brújula.
Sobre herramientas técnicas y conexión con el mercado, han insistido en que la idea no basta: hay que aterrizar y validar. Vanessa ha trabajado con un tutor y desarrolló un plan de empresa para formalizar productos que ya vendía; su mercado existía porque su jabón llevaba años hecho. Marcelo describe método y práctica: “ensayo y error” con formación y lectura 360 grados del contexto. Israel cuenta que su mejor prueba de mercado fue la reacción orgánica: decidió lanzar y ver pedidos reales, porque “si haces una prueba… a lo mejor…” frena el atrevimiento; su aprendizaje fue que lo esencial es el interés creado.
Finalmente, el mensaje de los emprendedores es una invitación directa a la acción: emprender requiere energía y también salud mental, y el emprendimiento verde ofrece soluciones a problemas reales. Los tres finalistas animan a lanzarse: Vanessa insiste en la constancia y el trabajo; Marcelo en la ventaja de ser senior; Israel en el “momento ideal” para quienes tienen voluntad de dedicación y ganas de aportar. Para emprender, es fundamental la idea de seguir adelante: “no pensarse mucho cada paso”, mirar con atención el entorno y construir, poco a poco, algo mejor para todos.
Este año se han presentado 207 iniciativas y 630 emprendedores. La gala de entrega de premios está prevista celebrarse el próximo 28 de mayo en la sede de Endesa en Madrid, en la que los 12 finalistas, entre ellos, Vanesa, Marcelo e Israel presentarán sus proyectos ante un jurado presidido por Leopoldo Abadía y compuesto por expertos en emprendimiento e innovación.
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